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A 862 metros de altitud se asienta Marvao, pareciendo bigilar desde su altanero enclave la frontera entre España y Portugal. Su imponente y a la vez majestuoso castillo, sus calles empedradas y sus casas blancas con puertas de castaña, dinteles de granito y barandillas de hierro forjado otorgan a la villa un agradable aspecto medieval. Da la sensación de ser un pueblo olvidado en el tiempo, perdido en medio de la densa arboleda que lo rodea.
Con D. Afonso III, Marvao es donada a la orden de Malta. En 1299, D. Dinis conquista el pueblo a su hermano, el infante Afonso Sanches y reforma el sobrio y románico castillo (del que quedan los muros de la Torre del Homenaje) dándole aires góticos que algunas de sus puertas aún exhiben. En la actualidad Marvao decae demográficamente hasta la verdadera despoblación que es hoy el espacio intramuros con 185 habitantes. Es el turismo, con su creciente búsqueda, el que anima diariamente el casco antiguo.
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